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Alan Greenspan

Francisco Tobías 

Cuando estudiaba Economía en la universidad, había un nombre que sobresalía por encima de todos los demás: Alan Greenspan. Para los economistas y paara quienes cursábamos esa carrera universitaria en las décadas de los ochenta y noventa, era mucho más que el presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos; era, sencillamente, el economista más influyente del mundo.

 

Durante casi 20 años, el nombre de Alan Greenspan fue el  hombre más poderoso de la economía mundial. Como presidente de la Sistema de la Reserva Federal entre 1987 y 2006, sus decisiones influían en las tasas de interés, el valor del dólar, el precio de las acciones y, en consecuencia, en el bienestar económico de millones de individuos no sólo de los EEUU, sino de todo el mundo entero.

 

Analistas, inversionistas, empresarios, economistas y gobiernos esperaban con ansiedad cada una de sus declaraciones, a pesar de usar un lenguaje ambiguo. De hecho, surgió el término “Greenspeak”, utilizado para describir su peculiar forma de hablar: frases largas, técnicas y difíciles de interpretar.

 

Muchos lo consideran un auténtico “maestro de la política monetaria”. Su estrategia, sencilla pero complicada a la vez, consistía en modificar las tasas de interés para controlar la inflación sin frenar el crecimiento económico.

 

Greenspan defendía firmemente la idea neolibral de que son los propios mercados quienes tienen la capacidad de autorregularse con una mínima intervención del gobierno.

 

Alan Greenspan, apodado “El Oráculo”, quien por cierto formó parte de un grupo de Jazz profesional pues tocaba saxofón y el clarinete, felleció el pasado 22 de junio.


 

La principal enseñanza que deja Alan Greenspan no consiste únicamente en la importancia de controlar la inflación o administrar correctamente las tasas de interés. Su mayor legado es recordar que la economía no es una ciencia exacta. Los modelos, por sofisticados que sean, descansan afortunadamente sobre un elemento impredecible: el comportamiento humano.

 

Porque, al final, la economía no necesita expertos infalibles. Necesita especialistas capaces de aprender de sus errores, adaptarse a nuevas realidades y reconocer que la incertidumbre siempre formará parte del mundo económico.

 

Mientras muchos imaginaban que las grandes decisiones económicas se tomaban únicamente en las elegantes oficinas de la Reserva Federal, él confesaba que buena parte de sus mejores ideas surgían en un lugar mucho más sencillo: la bañera de su casa. Cada mañana dedicaba un largo tiempo a sumergirse en agua caliente con documentos, reportes y un bloc de notas especial donde escribía reflexiones y discursos. Ahí, en medio del silencio, ordenaba sus ideas y analizaba los problemas más complejos de la economía mundial.

 

La economía no necesita oráculos que presuman tener siempre la razón; necesita personas dispuestas a pensar, cuestionar sus propias certezas y aprender incluso de sus errores. En tiempos donde las decisiones se toman cada vez con mayor velocidad, quizá todos deberíamos reservar, aunque sea metafóricamente, unos minutos para sentarnos en nuestra propia “bañera” y pensar antes de actuar, sí en la economía y en todo.

La causación circular y el soccer

Francisco Tobías

Gunnar Myrdal fue un economista sueco, ganador del premio nobel de economía en 1974, fundador de la corriente económica llamada “La escuela sueca”, sus aportaciones generaron la llamada tercera vía, la cual es un camino intermedio entre el sistema comunista y el capitalista, con la cual se busca el desarrollo e igualdad social sin perjudicar la eficiencia económica.

 

Una de sus grandes aportaciones, es la teoría de la causación circular acumulativa, la cual surge del estudio “Un dilema americano: El problema negro y la democracia moderna”, mediante el cual explica los motivos por los cuales los afroamericanos son pobres, señalando que esta comunidad era pobre debido a la opresión de los anglosajones, ocasionando que los primeros fueran privados de educación, salud y moralidad, ocasionando que sean más pobres, participando así en un “círculo vicioso”, donde el pobre es cada vez más pobre, por las faltas de oportunidades; mientras el rico participa en un “círculo virtuoso”, mediante el cual gracias al acceso a la educación, salud, infraestructura y más obtiene mayores ingresos.

 

Esta teoría de la causación circular acumulativa fue desarrolla a partir de 1944, 82 años después sigue teniendo muchas aplicaciones, no sólo en el desarrollo de las comunidades sino hasta en el deporte.

 

El ejemplo más claro son las grandes ligas de soccer, torneos en los cuales los equipos más ricos son los mismos que más veces han levantado la copa de campeón.

 

No es casualidad que en la liga premier de Inglaterra los equipos del Manchester City, Liverpool, Arsenal y Manchester City, sean los equipos con más títulos, de manera individual, conquistados. Siendo estos equipos lo que mayor valor franquicia tienen y además con el costo de sus planillas las más elevadas.

 

En la liga española sucede lo mismo los tres equipos que más veces se han coronado son los equipos que tienen un valor más alto en el mercado, siendo estos el Real Madrid, el Barcelona y el Atlético de Madrid.

 

El Inter de Milán es el equipo más caro de la Serie A, seguido del Inter de Milán y también ambos equipos son quienes en más ocasiones ha quedado campeones de la liga italiana.

 

De hecho, ese mismo comportamiento se presenta en la liga mexicana, donde el América y las Chivas son los equipos que más veces han ganado un campeonato, siendo también los más caros.

 

Hoy los afroamericanos no se encuentran en la misma situación que hace 80 años, su desarrollo económico ha crecido de manera exponencial, incluso alcanzando posiciones en las listas de Forbes de las personas más ricas del planeta. ¿Cómo se logró? Por medio de la intervención del estado, sí del gobierno, para lograr romper el círculo vicioso, generando más círculos virtuosos, donde se logre la igualdad y el desarrollo sin romper con el dinamismo económico.

 

Cuando hay reglas equilibradas, claras y un juego en el cual todos podemos participar en igualdad de condiciones, la economía crece, el ser humano se desarrolla en ámbitos sociales, culturales y económicos. Cuando no hay reglas equilibradas siempre ganan los mismo.

 

 

 

Turismo y economía

Francisco Tobías

Cuando pensamos en los motores de la economía, nos imaginamos grandes fábricas, parques industriales o bien enormes centros de producción. Sin embargo, existe una actividad que genera riqueza, inversión, derrama económica y millones de empleos sin necesidad de una sola chimenea, ese es el turismo.

Esta industria del sector terciario a nivel mundial, es en realidad una auténtica potencia económica. Para dimensionar su importancia económicas podemos señalar que durante el  2024, la actividad turística generó alrededor de 10.9 billones de dólares, equivalentes al 10% de toda la economía mundial, según datos del Consejo Mundial de Viajes y Turismo. Además, sostuvo aproximadamente 357 millones de empleos, es decir, uno de cada diez puestos de trabajo en el planeta.

México no es la excepción. De acuerdo con el INEGI, durante 2024 el turismo aportó 2.71 billones de pesos a la economía nacional, lo equivalente al 8.7% del Producto Interno Bruto. Es decir casi nueve de cada cien pesos que se generan en México provienen directa o indirectamente de la actividad turística.

Pero quizá el dato más importante e interesante es el que se refiere al empleo, ya que el sector turístico genera casi 5 millones de empleos en nuestro país, lo que es equivalente a casi el 9% del empleo nacional.

Lo interesante es que el turismo, como industria, tiene un efecto multiplicador como pocas actividades económicas. Cuando una familia hace turismo en una ciudad, no solo paga una habitación de hotel. También consume alimentos, utiliza transporte, compra artesanías, visita museos, adquiere souvenirs, sin olvidar que participa en actividades recreativas. Y ese dinero gastado circula por toda la comunidad, beneficiando a la economía.

Por ello se le conoce como la “industria sin chimeneas”. El turismo genera desarrollo económico sin depender necesariamente de grandes plantas industriales. Su materia prima son la cultura, la historia, la naturaleza, la gastronomía y la hospitalidad de las personas.

Cada turista que llega a una ciudad representa más que una visita. Representa consumo, inversión, empleo y oportunidades para cientos de familias. Por eso, cuando hablamos de turismo, no hablamos solamente de vacaciones. Hablamos también de industria y desarrollo económico.

El dinero de Dalí

Francisco Tobías

El dinero por sí mismo no tiene valor, cuando uno hace entrega de un billete de 500 pesos, el valor de ese billete no son los 500 pesos de hecho según el Banco de México; institución encargada de la elaboración de los billetes y monedas en nuestro país, el costo por “fabricar” un billete de 500 pesos es de tan sólo 1 peso con 40 centavos. En realidad, ese billete de 500 pesos representa los 500 pesos, aunque no los vale.

 

Existe un pacto social, en el cual todos participamos, mediante éste la sociedad acepta un medio de intercambio en común, es decir el dinero, basándose en la confianza y de las instituciones que lo elaboran.

 

Hace mucho tiempo se dejó de utilizar el dinero mercancía como principal medio de pago, aunque aún se utiliza. El dinero mercancía son aquellos objetos que tiene un valor intrínseco, es decir que vale por él mismo, un ejemplo de ello es el oro. Existen distintos ejemplos de este tipo “prehistórico” de dinero tal vez el más simpático son los cheques de firmaba el artista Salvador Dalí, al pagar la cuenta en los restaurantes.

 

Con su bigote rococó, el excéntrico artista español, tenía una “fórmula” secreta para cenar en restaurantes caros, beber vinos caros, pagar la cuenta y que no le cobraran ni un solo centavo. Este bien podría ser el ejemplo del dinero mercancía surrealista.

 

La estrategia era sencilla, quien es considerado el máximo representante del surrealismo, visitaba los restaurantes de lujo y más caros del mundo, ya sea en España, Paris o hasta en Nueva York, después de degustar una ovípara cena con vinos extremadamente caros, pedía la cuenta, el mesero se la llevaba y lo que hacía Salvador Dalí era, poner la cifra para el cobro, firmarla para después en la parte posterior realizar algunos trazos o un diseño surrealista. El dilema era para el dueño del negocio, quien sabía que al cobrar el cheque perdería una obra realizada por el mismísimo Salvador Dalí, ya que, al llevar el cheque, que por cierto no valía por sí mismo sino por la cifra y firma plasmada por el propietario de la cuenta, el documento pasaría a ser propiedad del banco, perdiendo así un dibujo y la firma del maestro, cuyo valor era mayor que cualquier cena.

 

Salvador Dalí era tan excéntrico, tan extravagante, tan ególatra que él si podía convertir un simple cheque en dinero mercancía, logrando así cenar de manera gratuita. Además de dejarnos una clase de la diferencia entre el dinero fiduciario y el dinero mercancía.

 

 

 

 

 

 


La ola de calor

Francisco Tobías

Es indudable que el fenómeno del cambio climático afecta desde lo individual hasta lo colectivo, teniendo consecuencias “nada halagüeñas” económicas. Ejemplo de ello es la ola de calor que está azorando a Europa.

El mercurio ha subido como nunca en los termómetros europeos, alcanzando hasta los 35 grados Celsius en el Reino Unido, es importante señalar que el promedio de la temperatura para el mes de mayo en ese país son los 18 grados. En España los termómetros han marcado 34 grados centígrados, donde la temperatura durante mayo siempre había oscilado entre los 11 hasta lo 28 grados.

Lo más doloroso de esta ola de calor histórica es sin duda alguna las pérdidas humanas, las cuales suman hasta este momento 75.

Menos dolorosas son las consecuencias económicas que se esperan para el viejo continente, pero al fin consecuencias, como lo es la reducción del crecimiento de su economía entre un 5 y 7 por ciento, en el lustro 2026 – 2030. Según un estudio de Allianz Trade, la cual es una compañía de seguros francesa, cuando los termómetros, en Europa, llegan a los 30oC se atraviesa por un “umbral” de pérdida de productividad, ocasionando un declive en la producción. Pero no sólo eso, además la ola de calor por la cual atraviesan los europeos afecta también la inversión y la recaudación fiscal.

Este mismo estudio señala que a partir de los 30 grados, cada vez que la temperatura sube un grado la productividad cae un 3 por ciento. Y los costos de la energía por cada grado que aumenta la temperatura, pasando el mismo “umbral” se incrementan en 1.2 por ciento.

Sólo entre Francia, España, Italia y Alemania las pérdidas, estimadas, rondan en los 650 mil millones de dólares.

En aquel continente las olas de calor se han multiplicado por 7 desde la década de los 80´s del siglo pasado y desafortunadamente las muertes por este fenómeno se han multiplicado por 5.

Parece que la ola de calor está derritiendo la economía europea, vaporizando la productividad, quemando la inversión, dilatando los precios, encendiendo las alarmas por la baja en el consumo.

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