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Nican Motecpana

Rubén Aguilar Valenzuela

En la década de 1590, el mestizo Fernando de Alva Ixtilxóchitl (Ciudad de México, 1578 - 1650) escribe Nican Motecpana, que son las dos primeras palabras del texto náhuatl que se traducen como "aquí se refieren ordenadamente".

 

El autor, descendiente directo de la casa gobernante del señorío Acolhua de Texcoco,  alumno del Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco, fue gobernador de Texcoco, y un reconocido escritor e historiador.

 

La obra trata sobre algunos milagros de la Virgen de Guadalupe, y hay referencia a la vida de san Juan Diego, y de su tío Juan Bernardino. Antes, Antonio Valeriano (Azcapotzalco 1520 - Ciudad de México 1605),había escrito el Nican Mopohua (1545-1546).

 

Valeriano, indígena noble mexica-tepaneca, estudió en el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco, fue escritor, docente, rector del colegio y gobernante de Mexicapan, en Azcapotzalco. Fue informante y discípulo distinguido de fray Bernardino de Sahagún.

 

De Alva Ixtilxóchitl retoma el texto de Valeriano, que lo incluye como la primera parte, sin citarlo, y luego añade la suya donde relata nuevos milagros y episodios de la vida de Juan Diego. Termina el texto con una oración a la Virgen de Guadalupe.

 

En 1649, Luis Lasso de la Vega, publica el Nican Motecpana como suyo sin citar a Antonio Valeriano y a Fernando de Alva Ixtilxóchitly le pone por título en náhuatl Hueoi Tlamahuzoltica, que se traduce como El Gran Acontecimiento.

 

El náhuatl de este texto es más legible que la obra original de Fernando de Alva Ixtilxóchitl, por la nitidez de los caracteres de imprenta, y esta publicación es la que los autores posteriores han tomado para sus traducciones al español.

 

El análisis crítico, las anotaciones y las reflexiones del texto que leí, que hora comento, son obra del canónigo Eduardo Chávez (Ciudad de México, 1956), Postulador Oficial de la Causa de Canonización de San Juan Diego y Director del Instituto Superior de Estudios Guadalupanos, y de Jorge Arredondo Sevilla (Tecate, Baja California), investigador del instituto y que actualmente estudia el doctorado en teología en la Universidad de Notre Dame, Indiana, Estados Unidos.

 

Ellos sostienen que después de 369 años, descubren que en la versión de Lasso de la Vega hay un error, que se ha repetido en todas las anteriores traducciones al español, que alteran la obra original de Fernando de Alva Ixtilxóchitl.

 

El error en la obra de Lasso de la Vega, es de paginación y   cambia el sentido de una parte del texto original. En su versión parece que se está hablando de la imagen de la Virgen de Guadalupe como si hubiera sido traída de España, cuando se hace relación a la Virgen de los Remedios.

 

Y el otro error es como si estuviera invitando a los indígenas a venerar la imagen de la Virgen de Guadalupe cuando a quien se invita es a los eclesiásticos españoles, para que de las gracias de esta también ellos participen.

 

Para esta versión, el texto original que Chávez y Arredondo Sevilla tradujeron del náhuatl al español es el Nican Motecpana, que en 1590 escribe Fernando de Alva Ixtilxóchitl. Incluyen el Fasímil de la versión original.


Nican Motecpana, Análisis y Reflexión

Eduardo Chávez y Jorge Arredondo

Instituto Superior de Estudios Guadalupanos (ISEG)

México, 2018

pp. 87

Sala Mexica del Museo Nacional de Antropología (MNA)

Rubén Aguilar Valenzuela

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Historia 

En 1964 se inaugura el Museo Nacional de Antropología (MNA), en el Parque Chapultepec, Ciudad de México, proyecto del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, con la colaboración del arquitecto Rafael Mijares. A lo largo de las décadas, las investigaciones de antropólogos, etnólogos, arqueólogos, historiadores, epigrafistas y restauradores, entre otros especialistas, han arrojado miles de nuevos hallazgos de las distintas culturas del México prehispánico, que se han incorporado al acervo y a la exhibición.

La Sala Mexica se ha enriquecido a lo largo de las décadas  producto, sobre todo, de los descubrimientos de distintos frentes de investigación en particular el que realiza el Programa de Arqueología Urbana (PAU) creado por el INAH en 1991, que trabaja, sobre todo, en el área del Centro Histórico, y más específicamente en el perímetro de lo que fue el centro ceremonial mexica, antes de la conquista.

 

Cronología de los mexicas

 

A) Peregrinación y Asentamiento (1111-1325)

- 1111: Salida mítica de Aztlán.

- 1215-1220: Llegada al Valle de México (zona lacustre).

- 1279-1299: Asentamiento en Chapultepec y posterior expulsión.

- 1325: Fundación de México-Tenochtitlán en un islote del lago de Texcoco.

 

B) Consolidación (1325-1428)

- 1375: Reinado de Acamapichtli, primer tlatoani de linaje mexica.

- 1396-1415: Reinado de Huitzilíhuitl; la ciudad se consolida.

- 1415-1426: Reinado de Chimalpopoca, que es asesinado. Tensiones con Azcapotzalco.

 

C) Imperio 1428-1521)

- 1428: Formación de la Triple Alianza (Tenochtitlán, Texcoco y Tlacopan) tras derrotar a los tepanecas.

- 1440-1468: Reinado de Moctezuma I (Ilhuicamina); expansión territorial y grandes construcciones.

- 1486-1502: Reinado de Ahuízotl, que extiende el territorio al máximo.

1502-1520: Reinado de Moctezuma II; llegada de los españoles en 1519.

D) Caída del Imperio (1521)

- 1521: Conquista española y caída definitiva de Tenochtitlán, el 13 de agosto de 1521.  

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Al inicio del siglo XVI, México- Tenochtitlán, sede del imperio más poderoso de su época, que se fundada en un islote en el lago de Texcoco, crece ganando terreno al lago-

Llegó a albergar entre 200 000 y 300 000 habitantes y a ocupar un área de entre 12 y 15 kilómetros cuadrados. Se dividida en cuatro grandes barrios, a su vez formados por otros de menor tamaño.

Exhibición 

 

 

 

 

 

 

 

 

En la sala hay una gran cantidad de piezas relevantes con carácter histórico y cultural. Acá una lista de las que se recomienda ver, que son fundamentales, para acercarse a la Cultura Mexica.

 

Monolito de Tláloc

 

 

 

 

 

 

 

La pieza del dios Tlaloc que se encuentra a la entrada del museo. Mide 7.0 metros de alto y pesa 160 toneladas. En el siglo XIX se encontró en las cercanías de Coatlinchán, Estado de México. En 1964 se trajo a su actual sitio.

 

 

 

Piedra del Sol - Calendario Azteca

 

 

 

 

 

 

La Piedra del Sol, es la pieza más icónica del museo. Mide 3.58 metros de diámetro y pesa más de 24 toneladas. Es de basalto de olivino, un tipo de roca volcánica de color oscuro. Se labra hacia 1479 en tiempos de Axayacatl, sexto tlatoani azteca.

Permanece en su lugar hasta 1521, cuando Hernán Cortés ordena destruir y retirar de su sitio todos los monumentos que estaban en el centro ceremonial de México-Tenochtitlán. Se le traslada hacia el exterior del Templo Mayor, al oeste del entonces Palacio Virreinal y la Acequia Real, en donde se mantuvo al descubierto, con el relieve hacia arriba durante muchos años.

En 1559 se decide enterrarla con los relieves viendo hacia abajo a petición del arzobispo fray Alonso de Montúfar. Permaneció bajo tierra durante 270 años, hasta 1790 cuando se la "redescubre".

Por años estuvo a un lado de la torre poniente de la Catedral Metropolitana, y en 1887 se traslada al Museo Nacional ubicado dentro de Palacio Nacional por la calle de Moneda. En 1964, de ese lugar viene al museo.

La Piedra del Sol no es un calendario sino un altar o disco ceremonial. El disco solar se representa como una sucesión de anillos concéntricos que contienen diferentes elementos relacionados con el registro del tiempo. Presenta rayos y puntas que irradian de su superficie, los cuales marcan las cuatro direcciones y los movimientos del Sol, y al centro está el glifo 4 Movimiento (nahui ollin), nombre del Quinto Sol, que fue la era de los mexicas.

Al centro del monumento se encuentra el rostro de Tonatiuh, dios del Sol, que se identifica por su decoración facial en forma de líneas que cruzan la frente y se curvan para rodear la parte externa de sus ojos, su cabello lacio y las joyas características de su imagen. Su lengua está representada por un cuchillo, símbolo del sacrificio humano que el dios solar exigía para alimentarse y renacer cada día por el oriente, después de su viaje nocturno por el inframundo.

En cada una de las esquinas del signo Ollin aparece el nombre de los otros cuatro soles: Nahui Océlotl (Cuatro Jaguar), Nahui Atl (Cuatro Agua), Nahui Quiáhuitl (Cuatro Lluvia) y Nahui Ehécatl (Cuatro Viento).

El primer anillo principal del calendario azteca tiene 20 figuras que representan los días del mes (Tonalpohualli). La cuenta de los días comienza con un caimán y continúa en sentido contrario de las manecillas del reloj. Los días van acompañados de un número consecutivo del uno al trece y de esta forma no se repite la misma figura con el mismo número en un periodo de 260 días. Serpientes de fuego (Xiuhcóatl) que rodean el conjunto.

 

Coatlicue

 

La escultura de la Coatlicue mide 2.52 metros de altura y fue tallada en piedra andesita, originalmente policromada, por un artista anónimo. Se labra entre 1439 y 1491.

 

Permanece en su lugar hasta 1521, cuando Hernán Cortés ordenó destruir y retirar de su sitio todos los monumentos que estaban en el centro ceremonial de México-Tenochtitlán.  Se "redescubre" en 1790 durante trabajos de remodelación de la Plaza Mayor, del ahora Zócalo.  

A finales de 1790, la estatua fue trasladada a la Universidad para ser preservada y estudiada, pero pronto fue de nuevo enterrada por orden de sus profesores. A un sector de la población criolla y mestiza, la escultura le parecía un monstruo repugnante, pero los indígenas empezaron a llevarle flores y encenderle velas.

La estatua fue desenterrada en 1803, para que Alexander von Humboldt pudiera hacer dibujos y un vaciado, tras lo cual fue enterrada otra vez. Fue desenterrada nuevamente por última vez en 1823, para que William Bullock pudiera hacer otro molde, que se exhibió al año siguiente en el Egiptian Hall de Piccadilly, Londres, como parte de la exposición México Antiguo. La estatua permaneció desde entonces en el patio de la Universidad hasta que en 1887 se lleva al Museo Nacional, de ahí se traslada a su actual sitio en 1964. 

 

 

 

 

 

 

 

 

Coatlicue ("La que tiene su falda de serpientes") representa a una diosa decapitada cuya cabeza la forman dos serpientes enfrentadas que emergen del cuello, simbolizando la fértil sangre que brota. Manos y pies terminan en garras. Porta un collar de corazones y manos humanas que se alternan y un cráneo adorna el cinturón delante y detrás, sobre un faldellín de serpientes entrelazadas. En las pantorrillas lleva bandas de las que cuelgan plumas y cascabeles. En la parte posterior, se observan representaciones de Tláloc y Tlaltecuhtli.

 

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El primero que estudió la imagen fue Antonio de León y Gama (1735-1802), quien identifica a la diosa como "Teoyaomiqui", la deidad de la muerte y la guerra sagrada. La estatua fue identificada como Coatlicue por el arqueólogo mexicano Alfredo Chavero (1841-1906) en su libro México a través de los siglos.

 

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En el siglo XX se descubrieron estatuas y fragmentos de estatuas similares, que entre los especialistas ha abierto el debate sobre el significado de estas imágenes y su papel en el Imperio Mexica.

 

 

 

Cabeza de Coyolxauhqui

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La cabeza de Coyolxauhqui ("la que tiene cascabeles en la cara") mide 83 centímetros de alto; 75 centímetros de ancho y 55 centímetros de fondo.  Se calcula que fue labrada hacia 1469, en los años del gobierno del tlatoani Axayácatl, periodo de gran expansión mexica. Colocada originalmente en la base del Templo Mayor para escenificar el mito de su derrota frente a Huitzilopochtli.

 

La pieza se encontró en 1830 cuando se abrieron los cimientos del convento de la Concepción situado en la actual calle República de Guatemala, en el área donde se encontraba el Templo Mayor. La abadesa cedió la pieza al Museo Nacional ubicado entonces en la Real y Pontificia Universidad de México (actual calle de Pino Suárez).

 

Años después pasó al edificio que ocupó el museo a partir de 1865 en la calle de Moneda, dentro de Palacio Nacional. En 1964 fue trasladada a las instalaciones del museo.

 

La escultura muestra a la diosa lunar decapitada y desmembrada por su hermano Huitzilopochtli en la cima del Coatepec, sobre cada mejilla la sucesión de tres círculos, el superior con el símbolo cruciforme del oro y el inferior con forma hendida de cascabel. Está ataviada con nariguera y orejeras en forma de rayos de luz, lleva un tocado de plumas y pequeños plumones en su cabello.

 

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Aunque algunos investigadores han identificado como cabello lo que lleva en la cabeza, pero todo indica que está cubierta por un tocado de tela estriada, tachonado con los plumones circulares símbolo del sacrificio. La parte superior del tocado tiene un rosetón compuesto por tres círculos concéntricos de plumas cortas, del cual penden arreglos de plumas largas por el lado izquierdo. Las plumas ocultan parte del cuerpo de una serpiente con cuerpo anillado, animal que recorre la cabeza de la diosa de derecha a izquierda.

 

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El arqueólogo Eduard Seler (Polonia, 1849 – Alemania, 1922) fue el primero en reconocer esta escultura como Coyolxauhqui,  por la presencia de cascabeles en el rostro y por estar decapitada, sugirió que la escultura pudo haber ocupado originalmente la cúspide del Templo Mayor, pues, en el mito de nacimiento de Huitzilopochtli, la cabeza inerte de Coyolxauhqui permanece mientras que el cuerpo se precipita hasta las faldas del cerro.

 

Piedra de Tízoc

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La piedra de Tízoc Mide 2.65 metros de diámetro y 94 centímetros de alto, y pesa 9.5 toneladas, es de piedra andresita. Es testimonio de las conquistas militares y de la cosmovisión del tlatoani Tízoc quien manda realizar este monumento entre 1481 y 1486.

 

Se "redescubre" en 1791 en la Plaza Mayor de la Ciudad de México por Antonio de León y Gama (México, 1735 - 1802). Se considerada inicialmente como un temalácatl o plataforma de sacrificios, entonces se conoce como Altar de Sacrificios Gladiatorios, por el canal que presenta.

 

El canal no está documentado en la descripción detallada de la piedra en la Historia General de Bernardino de Sahagún. Eduardo Matos Moctezuma afirma que la escultura fue dañada intencionalmente en el siglo XVII, para reforzar los informes sensacionalistas de la civilización azteca y que esta no tiene relación alguna con sacrificios.

 

Alfredo López Austin (1936-2021) y Leonardo López Luján (1964) sitúan a la piedra como un cuauhxicalli, en donde se depositaba el cuerpo del guerrero sacrificado luego de combatir en el temalácatl.

 

En 1869, José Fernando Ramírez (1804-1871) fue el primero en reconocer conquistas en las escenas y en identificar al vencedor como el tlatoani Tízoc, nombrado una vez con su glifo. Es opinión general que las 15 ciudades, representadas por los guerreros vencidos, no fueron todas conquistadas por Tízoc.

 

La cara superior muestra una imagen de la divinidad solar Tonatiuh con anillos concéntricos alternados, que pueden ser lisos o de cuentas. En el contorno se alternan rayos solares, lancetas para el autosacrificio y cuentas (chalchihuites). Hoy el centro de la composición está ocupado por una cavidad circular de 46 centímetros de diámetro y 15 centímetros de profundidad, cuyos relieves fueron irregularmente labrados en casi la mitad de su circunferencia. El canal, de factura posterior, parte de la cavidad central y va directamente al borde del cilindro y baja verticalmente a lo largo del canto, destruyendo parte de la ornamentación tallada.

 

En su costado cuenta con quince escenas de conquista en donde un personaje mexica —probablemente una deidad— somete a otros personajes por los cabellos. Al lado de los personajes sometidos hay un glifo de la población sometida: Matlatlzinco, Tochpan, Ahiutzlapan, Huexotzingo, Culhuacan, Tenayuca, Chalco, Xochimilco, Acolman, Tamazulapan, Tepanhuayan, Yanhuitlán, Tonatiuco y Cuetlaxtan. La parte superior del canto tiene alusiones al cielo incluyendo el planeta Venus y estrellas, la inferior símbolos asociados a la tierra y a la divinidad terrestre Tlaltecuhtli.

 

Investigaciones recientes indican que la Piedra de Tízoc era un monumento conmemorativo de victorias militares y expresión de poder político.

 

 

 

Teocalli de la Guerra Sagrada

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Teocalli de la Guerra es un monolito basáltico en forma de una pirámide, con una capilla en la parte superior, que estuvo policromada. Los arqueólogos piensan que la pieza puede haberse labrado en 1507, cuando se realizó la última ceremonia de Fuego Nuevo, la atadura simbólica de 52 años (xiuhmolpilli), durante el reinado del talatoani Moctezuma Xocoyotzin, que se identifica por su glifo.

La escultura fue descubierta a fines de julio de 1926 en los cimientos del torreón sur del Palacio Nacional, cuando se practicaban obras de reconstrucción del inmueble. Desde el siglo XIX ya se tenían noticias de su existencia. El primer análisis de la pieza fue realizado por el doctor Alfonso Caso  (1896-1970), en 1927, que ha servido de base para trabajos posteriores.

En la pieza se ubican deidades del panteón nahua; dos de ellas acompañan a un elaborado disco solar, localizado en la sección central de la capilla. Hay un Cipactli (Monstruo de la Tierra) en el piso superior, y dos escudos (chimalli) con banderas (pantli o pámitl) y dardos (tlacochtli) o flechas (mitl).

En uno de sus laterales, se distingue una de las dos fechas calendáricas inscritas en la escultura: Uno Miquiztli (Uno Muerte). Desde la boca de esta representación emerge el teoatl tlachinolli, la conjunción del fuego y el agua, símbolo clave para los mexicas que, además de representar la dualidad, tenía un profundo significado marcial. En la parte inferior, aparecen dos personajes sentados en posición de loto, cuyo carácter religioso se infiere por su vestimenta y por los objetos que portan: punzones y copal, elementos utilizados en los rituales de autosacrificio.

 

 

 

Xochipilli – Príncipe de las flores

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La escultura del Príncipe de las Flores es de piedra andresita y data el periodo Posclásico Tardío (1250-1521 d.C.) y fue encontrada a mediados del siglo XIX en las faldas del volcán Iztaccíhuatl, cerca de la localidad de Tlalmanalco, Estado de México. Fue donada al Museo Nacional por Alfredo Chavero (1841-1906) y a partir de entonces forma parte del acervo arqueológico patrimonio de la nación.

En la década de 1960 y 1970, durante el auge del estudio de las plantas con las que se obtenían experiencias místicas, es cuando se dio una explicación razonable para la expresión corporal de la escultura de Xochipilli y los vegetales que la adornan. Llama la atención el tamaño de su cuerpo que es, sin tomar en cuenta el pedestal, similar al de un niño. Ese pedestal representa un templo adornado con el hongo enteógeno identificado como Psilocybe aztecorum Heim.

 

La escultura de Xochipilli se asienta sobre un pedestal en cuyos trazos puede desentrañarse el universo. Una monumental flor une su mitad inferior, geométrica, con la superior de líneas sinuosas y orgánicas. Así como el inframundo se contrapone y complementa con el mundo celeste en la cosmovisión mexica, la flor parece armonizar las dualidades al ser fruto de la unión entre los elementos de la tierra y los del sol. Así Xochipilli nace de un dios solar y una diosa de la tierra.

Jaguar Cuauhxicalli  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La escultura de Cuauhxicalli pertenece al período Posclásico Tardío (1250-1521 d.C.). Los arqueólogos piensan estaba al pie de la escalinata de un templo. La figura está lista para el ataque. En el lomo una cavidad de 64 centímetros de diámetro y 24 centímetros de profundidad. A un lado tiene esculpida una banda de plumas de águila, cuentas de jade y corrientes de agua. Estaba pintada de ocre con manchas negras, las uñas y el recipiente eran rojos.

En los ritos ceremoniales de sacrificio servía como depósito de los corazones en tributo a Huitzilopochtli y Tezcatlipoca. Los mexicas vinculaban al jaguar con la noche, el inframundo, la tierra y la fertilidad; con la guerra y el sacrificio dada su ferocidad, y con la magia y la hechicería por su actitud furtiva y su aguda visión con la oscuridad.

 

 

Cihuateteo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La figura de Cihuateteo ("mujeres diosas") es una pieza del período Posclásico Tardío (1250-1521 d.C.). Mide 1.12 metros por 53 centímetros. Las primeras excavaciones en la zona arqueológica de Calixtlahuaca, Estado de México, empezaron en 1928, pero el proyecto más amplio e intensivo se realiza en la década de 1930, coordinado por el arqueólogo José García Payón (1896-1977). La pieza se encuentra en esos años.

La escultura que representa a Cihuateteo está vestida con huipil de plumas, en posición sedente sobre las piernas, con las palmas de las manos hacia el frente, lleva tocado de calaveras, ataviada con orejeras circulares y collar de manos y cráneo humano.

Para la sociedad mexica, las mujeres embarazadas se convertían en guerreras quienes peleaban contra los múltiples riesgos, tanto reales como espirituales, que ponían en peligro el nacimiento del bebé. Las mujeres que morían durante el embarazo, especialmente si era el primero, bien fuera en algún momento de la gestación o al dar a luz, se convertían en cihuateteo, "mujeres divinas" o "mujeres diosas". Su funeral era celosamente custodiado por sus familiares hombres, pues al convertirse en divinidades su cuerpo era codiciado por los guerreros, que robaban el dedo medio de la mano izquierda y su cabello para usarlo como protección en el campo de guerra.

 

Las representaciones artísticas suelen incluir en su iconografía cráneos, en forma de máscara o en su vestimenta e indumentaria, además de incluir otros elementos como serpientes, que la relacionan con otras deidades y figuras divinas asociadas a la maternidad como Coatlicue. También es frecuente ver esculturas en las que se encuentra sentada sobre sus piernas flexionadas.

 

 

Mono de Obsidiana

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La obra del Mono de obsidiana fue tallada en una sola pieza de obsidiana negra y después pulida, tiene 15 centímetros de altura. Es del periodo Posclásico Tardío (1250-1500 d.C.).  A principios de la década de 1880 llegó al Museo Nacional. Se encontró en Texcoco. A finales de la década de 1880, Leopoldo Batres (1852 - 1926), inspector y conservador de monumentos arqueológicos, recalificó un conjunto de objetos de la "civilización acolhua", entre ellas esta pieza.

En 1882, aparece por primera vez una descripción de esta en el Catálogo de las colecciones Histórica y Arqueológica del Museo Nacional de México de Gumersindo Mendoza (1829-1883) y Jesús Sánchez.

El doctor Ernest T. Hamy (Francia, 1848-1908), director del Museo de Etnografía, París, Francia, publicó una serie de artículos sobre artefactos del museo y excavaciones arqueológicas hechas a partir de 1882. En el número correspondiente a enero-febrero de 1884 de la Revue' D'ethnographíe apareció un artículo titulado "Le Vase en Obsidienne de Tezcoco Au Museé National de Mexico", escrito por el anticuario francés Eugene Boban, quien también era arqueólogo aficionado. El trabajo incluía tres imágenes de la vasija de obsidiana.

Una fotografía del mono de obsidiana, en un conjunto de objetos de la "civilización acolhua", fue publicada en 1891 en un catálogo en inglés del Museo Nacional, elaborado por Wilson W. Blake y titulado The Toltec Teocallis and Aztec Antiquities of Mexico.

La Iglesia católica en África

Rubén Aguilar Valenzuela 

Los cristianos de todas las denominaciones suman 2400 millones en el mundo, un tercio de la población mundial, y de ellos 1400 millones son católicos, que representan en 17.8% de la población mundial.

 

En el Anuario Pontificio 2025, editado por la Oficina Central de Estadísticas Eclesiásticas de la Secretaría de Estado, del Vaticano, se dice que el mayor crecimiento porcentual de los católicos se da en África con 3.13% anual, y que en ese continente es donde aumenta más el número de las vocaciones sacerdotales y religiosas.

 

El continente africano, con 54 países, ahora reúne al 20% de los católicos del mundo y se caracteriza por tener el crecimiento muy dinámico de la Iglesia católica; el número de católicos pasa de 272 millones en 2022 a 281 millones en 2023, que es el último censo.

 

A finales de 2023 había 406 996 sacerdotes en todo el mundo católico y de ellos solo se registra aumento en África (+2,7%) y Asia (+1,6%). En África hay 45 000 sacerdotes y el aumento global se da entre los sacerdotes diocesanos y los religiosos.

 

El número de religiosas y religiosos profesos, que tienen votos perpetuos, ha decrecido en todo el mundo menos en África donde se produjo un aumento entre 2022 y 2023. De las 589 423 (2023) religiosas profesas que hay en el mundo en África vive el 14.0%, con un aumento del 2.2%.

 

De los religiosos profesos que hay en el mundo en todos los continentes decrece su número y solo aumenta en África que pasa del 13.9% en 2022 a 14.5% en 2023, del total.

 

A nivel mundial, el número de las vocaciones al sacerdocio ha pasado de 108 481 en 2022 a 106 495 en 2023, lo que supone una variación del -1.8%. El descenso afecta a todos los continentes, a excepción de África, donde los seminaristas aumentaron de 34 541 a 34 924, el 1.1%.

 

Hoy día, África y Asia aportan el porcentaje más grande de seminarista en los Seminario Mayores (teología), en 2022, el 61.0% y en 2023, el 61.4%.

 

En la actualidad los diez países de África con el mayor número de católicos son: República Democrática el Congo (50 millones); Nigeria (35 millones); Tanzania (19 millones); Uganda (17 millones); Kenia (16 millones); Angola (12 millones); Camerún (10 millones); Burundi (9 millones); Madagascar (8 millones) y Mozambique (8 millones).

 

Se calcula que para 2050, el 40 % de todos los cristianos del mundo vivirán en el África Subsahariana, y que de ellos el 63.0% será católico. Y para 2060, en esa misma región los musulmanes llegarán al 27.0%, ahora son el 16.0%.

 

Las autoridades de la Iglesia católica saben muy bien que el futuro del catolicismo está en el continente africano, y que en los otros continentes, salvo Asia, el número de los fieles y de las vocaciones seguirán decreciendo. Es una clara tendencia que va a cambiar la composición de esta institución ya dos veces milenaria.

 

Misantropías

Rubén Aguilar Valenzuela 

El programa de mano dice: "Misantropías es un homenaje a Jean – Baptiste Poquelin, mejor conocido como Moliére, y la vida de la gente del teatro. La obra se desarrolla en distintos planos de realidad. Por un lado sigue a la compañía teatral de Alceste (Moliére), dramaturgo y director de enorme talento, pero incapaz de negociar en un mundo lleno de hipocresía.

 

Su compañía teatral se encuentra en crisis; enfrentan un juicio con el cual podrían perder el teatro, y perderlo todo. Sus actores, Filinto y Celimena, le siguieren negociar con un mecenas poderoso que nada sabe de la belleza, sin embargo, Alceste es incapaz de dialogar con la mediocridad. Al mismo tiempo hay enredos amorosos al interior de la compañía que lo complican todo.

 

En otro plano de la realidad, Juan (Alceste), dialoga con Magdalena, su más grande cómplice, quien se ha alejado recientemente del oficio teatral. En sus diálogos reflexionan sobre el oficio del actor, la naturaleza humana y el amor. Conforme la obra avanza, ficción y realidad empiezan a confundirse".

 

La puesta en escena de la Compañía Nacional de Teatro (CNT) de Misantropías, obra de Héctor Mendoza Franco (1932-2010), dirigida por Luis de Tavira (Ciudad de México, 1948), es un homenaje al autor, director y maestro de muchas generaciones de actores y pilar central del quehacer teatral contemporáneo en México.

Luis de Tavira dice de su maestro Mendoza Franco, que su aporte al teatro está "en la proposición estética del concepto de puesta en escena, el teatro sobrevivió a la crisis de la posguerra, alcanzó la modernidad y la autonomía como lenguaje, como técnica y como arte. En México, fue Héctor Mendoza quien lo propuso y su ejercicio suscitó un movimiento que transformó de modo irreversible la teatralidad mexicana".

Y añade que Héctor Mendoza fue un profético anticipador de las vanguardias que muestra en su andadura, la síntesis de sus conquistas; maestro de generaciones de actrices y de actores y de los primeros directores cuyo ejercicio del concepto de puesta en escena pondrá al teatro mexicano en el camino de una estética propia, moderna y universal".

De esta puesta en escena dice que "es un homenaje agradecido a su memoria", en "esta versión libérrima de El misántropo de Moliére, Héctor Mendoza compone un asombroso palimpsesto en el que los personajes habitan tres dimensiones distintas que se contienen respectivamente:

Una primera es la de El Misántropo, la más cruel y poderosa comedia de Molière, que a su vez recupera el mito de Timón de Atenas, el exilado voluntario de un mundo que desprecia y maldice, que a su vez fue asumido por Menandro en la invención de la Comedia Nueva, que es traído por Molière a su época y reelaborado por Mendoza con una vigencia sorprendente.

Una segunda dimensión, contenida en la primera, es la de la vida y la muerte enigmática del comediógrafo y actor Molière, amigo y amante de inconstante corazón.

En una tercera dimensión, Mendoza transparenta las peripecias del grupo de actrices y actores que ensayan y representan la comedia en el final del siglo XX, y que de alguna manera resulta en una despiadada confesión del gran pedagogo del arte de la actuación, del maestro de vida, la vez sabio, despiadado y apasionado".

En esta puesta en escena, homenaje al teatro, a quien lo hace, a Moliére y a Mendoza, Luis de Tavira ejerce como un extraordinario concertador, que articula las partes, para construir un todo armónico y al tiempo bello.  La escenografía e iluminación de Jesús Hernández, que se desplaza en el escenario; el vestuario de Jerildy Bosch, y el maquillaje y los peinados, de Maricela Estrada.

La música original de Sebastián Espinoza Carrasco, que él mismo interpreta en vivo con Elvira Marzal. El diseño sonoro también suyo con la colaboración de Yurief Nieves. Los bailes interpretados por cuatro estudiantes, dos hombres y dos mujeres, de la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea del INBA.

Las actrices y los actores del elenco estable de la CNT, que en esta ocasión tienen como protagonistas a Luis Rábago, Arturo Beristain, Octavia Popesku, Roldán Ramírez, Marissa Saavedra, Georgina Arriola Martínez y Estefanía Norato.

Luis de Tavira, en la construcción de su puesta de escena, da un sentido orgánico a todos los elementos, que se complementan unos con otros, para crear el espacio donde se desplazan y actúan, las actrices y actores, que dan vida al liberto Misantropías construido – redactado por Mendoza en una recreación muy personal, de El Misántropo de Molière, obra que este escribe en 1664 y estrena en 1666 en el teatro del Palais-Royal en París.

El concertador – director siempre ha dicho que el teatro es un trabajo colectivo, y sin él este no puede existir, es condición de su posibilidad. En esta obra es muy patente y notable, el trabajo colectivo, donde cada parte, articulada, construye un todo. El baile requiere de la música, las actrices y los actores, el vestuario, el maquillaje y los peinados. Y todos de la escenografía y la iluminación. 

Luis de Tavira no solo concreta las partes en un todo, sino que a la puesta en escena, donde cada quien hace lo suyo, le imprime profundidad cadencia y ritmo. Y hace este trabajo extraordinario, al mismo tiempo haciendo frente a una situación personal muy grave. Su amor por el teatro, el sentido de su vida, su profesionalismo, y su compromiso con Mendoza, que fue su maestro, le dieron fuerza, para hacer lo que tenía que hacer, y así podemos ver en esta magnífica puesta en escena.

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El cinco de marzo pasado, en el estreno que dio inicio a la temporada en la que la CNT va a representar esta obra, estuvieron Rodrigo y Hernán Mendoza, hijos de Héctor Mendoza, quienes agradecieron las muestras de cariño y respeto hacia su padre: "Quienes lo vivimos lo recordamos como un extraordinario maestro de actuación, creo que no podías tener un mejor maestro; era un director que enfocaba todo su talento y todo su conocimiento para que los actores y actrices se lucieran, todo estaba basado en la actoralidad; como dramaturgo no pudo evitar vender su teoría de la actuación. Eso me hicieron recordar el día de hoy, se los agradezco de todo corazón a cada uno de ustedes", expresó Hernán Mendoza.

Y Aurora Cano, la actual directora de la CNT, dijo: "Es una noche entrañable porque es un momento en el que podemos recordar la figura de alguien que no solo ha sido un grandísimo artista del teatro nacional como autor y como director, sino quien además es responsable de la formación de una parte enorme de la gente de la Compañía y de la gente que trabaja en el teatro".

 

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La obra se puede ver hasta el tres de mayo, en el Teatro Julio Castillo, Centro Cultural del Bosque (CCB), Alcaldía Miguel Hidalgo, Ciudad de México.


Misantropías

Producción: Compañía Nacional de Teatro (CNT)

Dramaturgia: Héctor Mendoza Franco, sobre El Misántropo de Molière.  

Dirección: Luis de Tavira

Dirección adjunta y coreografía: Antonio Salinas

Director residente: Jorge Valdivia

Diseño de escenografía e iluminación: Jesús Hernández

Vestuario: Jerildy Bosch

Maquillaje y peinados: Maricela Estrada

Música original y diseño sonoro: Sebastián Espinosa Carrasco

Colaboración en grabación y producción del diseño sonoro: Yurief Nieves

Música en vivo: Sebastián Espinoca Carrasco y Elvira Marzal

Bailarines: Estudiantes de la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea del INBA – Sebastián Rivera, Jesús Camacho, Frida Castell, Estefanía González

Producción residente: Ximena Alfonso

Producción ejecutiva: Extravagancia Funcional, S.C.

Actores: Elenco estable de la CNT, protagonizada por Luis Rábago, Arturo Beristain, Octavia Popesku, Roldán Ramírez, Marissa Saavedra, Georgina Arriola Martínez y Estefanía Norato

Las dos Fridas

Rubén Aguilar Valenzuela 

 En el Museo de Arte Moderno (MAM), Bosque de Chapultepec, Alcaldía Miguel Hidalgo, Ciudad de México, se presenta la exposición Las dos Fridas. Una identidad global.

 

 

Exhibición

 

En 1939, Frida Khalo pinta Las dos Fridas (1939) una de sus obras fundamentales y una de las piezas más estudiadas dentro de su trayectoria.

La exposición propone una lectura en torno a los fenómenos de apropiación de esta obra, como parte de la preparación de una nueva interpretación de la colección permanente del MAM.

El título de la exposición se inspira en un libro de Juan García Ponce; la exposición se articula en tres núcleos: la relación entre la abstracción y las imágenes del pasado, el proyecto artístico y filosófico, y la relación entre los artistas abstractos con las problemáticas de su presente.

 

Se presenta el trabajo de diversos artistas que se dedicaron a la producción de pintura y escultura abstracta desde la década de los años 40 hasta finales de los 70.

Se pueden ver obras de artistas contemporáneos y posteriores a Frida Kahlo que retoman la figura de la pintora como referente en su producción artística, y tal es el caso de Nahúm B. Zenil, Magalí Lara o Graciela Iturbide.

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Las dos Fridas es un doble autorretrato donde la artista se pinta dos veces, con vestidos diferentes y conectada a través de dos corazones y una arteria, que nutre a las dos mujeres, que se muestran tranquilas.

  

Las nubes sombrías contrastan con los vivos colores del resto de la composición. Kahlo elabora esta obra cuando todavía está casada con Diego Rivera.

Algunos críticos de arte, que trabajan la obra de Kahlo dicen: La Frida soltera viste un rico vestido de encaje blanco estilo europeo. La Frida casada, con un vestido de tehuana, tiene en la mano el retrato del niño-Diego.

La arteria, que sale del corazón de la Frida europea, derrama sangre a causa de un corte de tijera, manchando el vestido blanco. Una acción que sirve de símbolo de la ruptura matrimonial y los diversos abortos de la artista Frida Kahlo.

 

La Frida tehuana, que sostiene la imagen del niño- Diego, con el corazón sano sostiene la mano de la Frida herida. Metáfora de resistencia, autosuficiencia y sanación.

Comentario

 

El cuadro Las dos Fridas, pertenece a la colección del MAM, y es uno de sus más grandes tesoros. En 1939, cuando Frida pinta esta obra, se divorcia de Diego Rivera, para el año siguiente volver a casarse.

La exposición permite adentrase al significado de esta obra en la vida de Kahlo, pero también en lo que representa en el arte mexicano y mundial. El crítico inglés John Berger (Inglaterra, 2026 – Francia, 2017), el especialista en Pablo Picasso, dijo que nadie en occidente había pintado el dolor como Kahlo. 

Y también ver la influencia que Kahlo tuvo y sigue teniendo en otros artistas, en esta ocasión para el caso de México. Siempre me gustan las exposiciones que se presenten en el gabinete Manuel Álvarez Bravo del MAM.

La muestra permanecerá abierta hasta el 24 de mayo.

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