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Desde mi escritorio: ¡Sarape, Sarape, Sarape!

Héctor Reyes  

Cada primavera, en Saltillo, no solo cambia el clima: también se renueva la esperanza. 

El arranque de la temporada de béisbol vuelve a encender la pasión de una afición que, fiel a su historia, sueña con ver a su equipo en las grandes instancias. No es un anhelo menor; es una expectativa que se ha construido a lo largo de generaciones enteras que han hecho del diamante parte de su identidad.

Pero en Saltillo hay algo más profundo… una identidad que se teje con su gente, con sus calles, con su historia y con sus símbolos. Así como existen personajes que han marcado época como Don Armando Fuentes Aguirre “Catón”, cronista de la vida nacional; el poeta Manuel Acuña, cuya obra sigue resonando en la memoria colectiva; o Fernando Soler, cuyo nombre vive en uno de los recintos culturales más emblemáticos, nuestro Teatro de la Ciudad, pero también hay lugares que cuentan historias y un ambiente que distingue a la capital de Coahuila, y ahí están los Saraperos de Saltillo, inseparables del alma de la ciudad. 

No se puede entender a Saltillo sin su béisbol, ni se puede hablar del orgullo regional sin mencionar a una novena que ha llevado el nombre de la ciudad con dignidad a lo largo del país.

Los Saraperos son, en esencia, un reflejo del carácter del norte: trabajadores, resistentes, apasionados. Son ese punto de encuentro donde coinciden generaciones, donde el abuelo comparte historias, el padre revive emociones y los hijos comienzan a escribir las suyas. En cada juego hay algo más que nueve entradas: hay identidad, pertenencia y una emoción colectiva que no se explica, pero se siente.

Hablar de los Saraperos de Saltillo es hablar de tradición, de arraigo y de una historia que este 2026 alcanza ya 56 años de trayectoria. Más de medio siglo en el que han desfilado peloteros que dejaron huella imborrable en la memoria colectiva: figuras como Miguel Solís, Guadalupe Chávez, Gregorio Luque y Navarrete, entre muchos otros, que con su entrega y talento forjaron el carácter de una institución que hoy sigue siendo orgullo de su gente.

Este nuevo arranque no pasa desapercibido. La temporada 2026 llega marcada por una renovación profunda: cambios en la directiva, ajustes en el plantel y una clara intención de construir un equipo competitivo desde sus cimientos. A ello se suman mejoras sustanciales en el emblemático Estadio Francisco I. Madero, que hoy presenta un nuevo rostro: un campo con pasto sintético de última generación, la renovación total de sus butacas y la incorporación de nuevos espacios de comida que buscan mejorar la experiencia de los aficionados dentro del parque.

Detrás de este nuevo impulso se percibe el compromiso de su propietario, César Cantú García, quien ha apostado por devolverle protagonismo a la novena saltillense. No se trata únicamente de invertir en infraestructura o talento, sino de recuperar la conexión con una afición exigente, conocedora y profundamente leal.

Hoy, más que nunca, el reto es claro: responder en el terreno de juego a la ilusión que se respira en las tribunas. Porque en Saltillo el béisbol no es solo un deporte; es una expresión cultural, un motivo de reunión y una bandera que se levanta con orgullo en cada temporada.

Que ruede la pelota, que suene el bat y que vuelva a vibrar el estadio. La afición ya está lista. Y como cada año, con la voz firme y el corazón encendido, el grito vuelve a hacerse presente: Sarape, Sarape, Sarape… ¡Saraperos al ataque!

Buen fin de semana, la frase: “Los días son largos, pero los años cortos”. ¡Ánimo!

 

X:_hreyes

 

Desde mi escritorio: La Salud en México: entre promesas y carencias estructurales

Héctor Reyes

Hablar del sistema de salud en México es hablar de una deuda histórica que, sexenio tras sexenio, se ha intentado saldar sin éxito. Hoy, bajo el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, se vuelve a plantear una solución ambiciosa: el llamado Servicio Universal de Salud. La pregunta es inevitable: ¿estamos frente a una transformación real o ante otro intento condenado a repetir errores del pasado?

El anuncio es, en papel, prometedor. El nuevo modelo busca que cualquier mexicano pueda atenderse en cualquier institución pública —ya sea el IMSS, ISSSTE o IMSS-Bienestar— sin importar su afiliación. Incluso se plantea una credencial única y la compatibilidad  de expedientes clínicos.   Sin embargo, la implementación será gradual, iniciando en 2027 y extendiéndose hasta 2028. 

El discurso oficial habla de eficiencia, cobertura y universalidad. La presidenta ha calificado el proyecto como “un paso histórico”, con la meta de que todos los mexicanos puedan recibir atención médica sin restricciones institucionales.

Pero la realidad del sistema de salud mexicano obliga a poner los pies en la tierra.

Un sistema fragmentado y rebasado

México no parte de cero. En las últimas décadas se han creado múltiples modelos para ampliar la cobertura: desde el IMSS tradicional hasta el extinto Seguro Popular, impulsado por Julio Frank, que logró—con todas sus limitaciones— ampliar el acceso a millones de personas sin seguridad social.

Tras su desaparición, el Insabi fracasó en consolidarse, y el IMSS-Bienestar ha intentado llenar ese vacío sin lograr resolver problemas estructurales. Hoy, la propuesta de universalizar el sistema parece más una reorganización administrativa que una solución de fondo.

Especialistas han advertido que el actual enfoque continúa siendo limitado, centrado en la atención curativa y sin atacar determinantes estructurales de la salud, además de mantener inercias del modelo anterior sin innovaciones profundas.

El principal obstáculo: la realidad hospitalaria

El problema no es la idea de universalizar, sino la capacidad para sostenerla.

Hospitales del IMSS e ISSSTE enfrentan desde hace años:

  • • Falta de medicamentos
  • • Saturación en consultas
  • • Infraestructura deteriorada
  • • Escasez de especialistas

Incluso el propio gobierno federal ha reconocido la necesidad de contratar miles de médicos especialistas para cubrir el déficit nacional, evidencia clara de que el sistema actual está lejos de operar con suficiencia.

Pretender que cualquier mexicano pueda atenderse en cualquier institución, sin haber resuelto antes estas carencias, podría generar un efecto contrario al esperado: mayor saturación, tiempos de espera más largos y una percepción generalizada de deterioro en la calidad del servicio.

El choque con la realidad laboral

Otro punto delicado —y poco discutido— es el impacto en el esquema de financiamiento.

Millones de trabajadores formales y empresas aportan cuotas al IMSS. Este modelo contributivo genera una expectativa legítima: acceso preferencial y servicios diferenciados. Si el sistema se vuelve completamente abierto, surge una pregunta incómoda: ¿qué incentivos quedan para quienes financian el sistema?

Sin una reforma fiscal o financiera clara, el riesgo es evidente: descontento entre contribuyentes, presión presupuestal y un sistema más cargado de lo que ya está.

¿El regreso de una idea sin resolver?

El concepto de cobertura universal no es nuevo. De hecho, fue el espíritu del Seguro Popular: ampliar el acceso sin colapsar las instituciones existentes. La diferencia es que hoy se busca integrar todo el sistema público en uno solo.

El problema es que integrar estructuras débiles no necesariamente genera una estructura fuerte.

Entre la aspiración y la ejecución

El Servicio Universal de Salud representa una aspiración legítima: que nadie en México se quede sin atención médica. Pero también encierra un riesgo: repetir el ciclo de reformas ambiciosas que no logran traducirse en mejoras reales para los pacientes.

Porque al final del día, el éxito de cualquier sistema de salud no se mide en decretos, ni en credenciales digitales, ni en discursos políticos.

Se mide en algo mucho más simple y más urgente: si un paciente encuentra medicamento y si lo atienden a tiempo. Hoy, esa sigue siendo la gran deuda.

Buen fin de semana, la frase: “La nostalgia es uno de los regalos que los años dan a cambio de todo lo que quitan”. ¡Ánimo!

 

X:_hreyes

 

Desde mi escritorio: Diversos estudios lo confirman: Coahuila, el mejor lugar para vivir en México

Héctor Reyes 

Hablar de calidad de vida en México obliga a voltear al norte del país, y particularmente a Coahuila. En un contexto nacional donde la inseguridad, la informalidad laboral y la desigualdad marcan la agenda pública, esta entidad ha logrado construir una narrativa distinta: la de un estado donde sí es posible vivir con tranquilidad, estabilidad económica y oportunidades reales de desarrollo.

Los datos respaldan esta afirmación. Me dí la tarea de buscar en el ciber espacio y publicaciones de El País, Grupo Milenio, México como vamos y de la Secretaría de Economía, destacan como se vive en diversos aspectos en Coahuila.

Mientras en México cerca del 60% de la población percibe inseguridad en su ciudad, casos como Saltillo, Torreón o Piedras Negras destacan como excepciones nacionales, ubicándose entre las ciudades con menor percepción de inseguridad del país. Este no es un logro menor: en un país donde el miedo forma parte de la vida cotidiana, Coahuila ha convertido la seguridad en un activo social, económico y hasta competitivo.

Pero la seguridad no es casualidad. Es el resultado de una coordinación constante entre los distintos niveles de gobierno y de una estrategia sostenida que ha privilegiado la prevención, la proximidad y la inteligencia. En este punto, ha sido clave el trabajo del gobernador Manolo Jiménez Salinas, quien ha impulsado acciones en diversos frentes: desde el fortalecimiento de los cuerpos de seguridad y la inversión en infraestructura, hasta la promoción económica del estado y la atracción de nuevas inversiones. Su gestión ha apostado por mantener la estabilidad como base del desarrollo, consolidando un modelo que hoy distingue a Coahuila en el escenario nacional.

Esa estabilidad ha generado un círculo virtuoso: donde hay seguridad, hay inversión; donde hay inversión, hay empleo; y donde hay empleo, hay bienestar.

En materia económica, Coahuila también se posiciona como uno de los estados más sólidos del país. Su estructura industrial —particularmente en el sector automotriz— lo ha convertido en un motor exportador. Municipios como Ramos Arizpe, Torreón y Saltillo son hoy polos industriales de relevancia nacional e internacional.

El empleo es otro de sus grandes diferenciadores. Coahuila registra una de las tasas más bajas de informalidad laboral en México, lo que implica mayor acceso a prestaciones y estabilidad para los trabajadores. A esto se suma una tasa de desocupación competitiva, que refleja un mercado laboral dinámico.

En términos de riqueza, los indicadores también son contundentes. El estado se ubica entre los de mayor PIB per cápita en México, reflejo de su productividad y dinamismo económico. Incluso ciudades como Saltillo han figurado entre las más prósperas del país en este rubro, consolidando su papel como una de las economías urbanas más fuertes.

Este desarrollo económico ha tenido un impacto directo en la calidad de vida. Coahuila ofrece traslados relativamente cortos, acceso a servicios, educación y un entorno urbano funcional. A ello se suma un fenómeno cada vez más visible: la migración interna y extranjera hacia el estado, impulsada por la búsqueda de mejores condiciones laborales, seguridad y vivienda.

Ciudades como Saltillo–Ramos Arizpe, Torreón, Piedras Negras y Monclova se han convertido en destinos atractivos no solo para la industria, sino también para quienes buscan establecerse. Cada región aporta algo distinto: el dinamismo industrial del sureste, la vocación comercial de La Laguna, o la cercanía fronteriza del norte.

A la par, el crecimiento urbano ha impulsado una transformación en la oferta gastronómica y de servicios. La llegada de nuevos restaurantes, conceptos culinarios y espacios de entretenimiento refleja una sociedad en expansión, más exigente y con mayor poder adquisitivo. Coahuila ya no solo es industria: es también calidad de vida.

Este escenario cobra aún mayor relevancia en el contexto del Mundial de Fútbol que se avecina en México. Aunque no todas sus ciudades serán sede, el norte del país —y particularmente nuestro estado— se perfila como una región estratégica para recibir visitantes, inversión y nuevas oportunidades de negocio.

Hoy, Coahuila representa una excepción en el mapa nacional. Un estado donde la seguridad no es discurso, sino realidad; donde el empleo no es promesa, sino oportunidad tangible; y donde el crecimiento no es improvisado, sino resultado de una visión clara.

En tiempos donde México busca referentes positivos, Coahuila levanta la mano —con datos, resultados y rumbo— como el mejor lugar para vivir.

Buen fin de semana, la frase: La lealtad es difícil de encontrar. La confianza es fácil de perder. Las acciones hablan más que las palabras. ¡Ánimo!

X:_hreyes

 

Desde mi escritorio: El Mundial… no es para todos

Héctor Reyes 

El Mundial… no es para todos

Dicen que el fútbol es del pueblo. Mentira.

Al menos no este. No el Mundial de 2026. No el que organiza la FIFA, ese organismo que convirtió la pasión en un modelo de negocios impecable… y algunas veces despiadado.

Hoy, ir a ver a la Selección Mexicana es un lujo. Así, sin rodeos. Un lujo que no tiene nada que ver con el romanticismo del fútbol, ni con la identidad nacional, ni con la historia de tribunas populares que hicieron grande a este deporte en México.

Aquí hay otra cosa: dinero. Mucho dinero.

Boletos imposibles, paquetes inflados, reventa disfrazada de “experiencia premium”. Y una realidad brutal: el aficionado mexicano, el de verdad, el que llenó estadios durante décadas, hoy está quedando fuera. No alcanza. No puede. No le da.

Pero tranquilos, que siempre hay quien ocupe su lugar: turistas, patrocinadores, corporativos. Gente que no necesariamente siente el futbol mexicano, pero sí puede pagarlo.

Y mientras tanto, la Federación Mexicana de Fútbol sigue haciendo lo que mejor sabe: vender. Vender partidos, vender ilusiones, vender una selección que, en la cancha, lleva años quedando a deber.

Porque ese es el otro tema que incomoda: ¿de verdad vale lo que cuesta?

La Selección Mexicana no juega bien. No convence. No asusta a nadie. Es un equipo plano, sin personalidad, que ha normalizado el fracaso disfrazándolo de “proceso”. Y aun así, se le pone etiqueta de producto premium.

Es como pagar un restaurante de lujo… para que te sirvan comida promedio.

Y sí, México será sede. Y sí, el Estadio Azteca volverá a ser protagonista. Pero no nos engañemos: eso no significa que el Mundial sea nuestro.

No en las gradas.

Porque cuando el acceso depende del dinero y no de la pasión, el fútbol deja de ser del pueblo. Y eso es exactamente lo que está pasando.

Lo más preocupante no es solo el costo del Mundial, sino lo que representa: la consolidación de un modelo donde el fútbol deja de ser un fenómeno social para convertirse en un espectáculo exclusivo. Un Mundial donde el mexicano promedio verá a su selección… pero desde la televisión.

Y entonces la pregunta es inevitable: ¿para quién es realmente este Mundial?

Porque si la respuesta no incluye al aficionado, entonces no estamos ante una fiesta del fútbol. Estamos ante un negocio perfectamente ejecutado, donde la pasión quedó fuera del estadio.

La FIFA gana. Los patrocinadores ganan. Los federativos ganan.

¿El aficionado?

Ese paga… o se queda viendo.

Y la pregunta ya no es cuánto cuesta ir al Mundial.

La verdadera pregunta es: ¿en qué momento se lo quitaron al aficionado de a pie?

Buen fin de semana santo, la frase: Un sabio dijo una vez: Cuando entiendas el poder de tus palabras, no dirás cualquier cosa. ¡Ánimo!

 

X:_hreyes

 

Desde mi escritorio: Enfermarse en México no debería significar un riesgo financiero

Héctor Reyes 

En medio de un creciente malestar social por los altos costos de la atención médica privada, comienzan a perfilarse acciones concretas que buscan poner orden en un sector que, durante años, ha operado con escasa regulación efectiva en favor de los pacientes. Lo ocurrido en el segundo foro celebrado en la Cámara de Diputados no es menor: representa un punto de partida para corregir distorsiones que han afectado directamente el bolsillo —y en muchos casos la salud— de miles de familias.

Los acuerdos alcanzados entre legisladores y representantes del sector salud apuntan en la dirección correcta. La obligación de que hospitales privados publiquen sus tabuladores de precios y tarifas médicas es, sin duda, un paso hacia la transparencia. Durante demasiado tiempo, los costos han sido opacos, variables y, en ocasiones, sorpresivos. Transparentar precios no solo permitirá comparar, sino también inhibir prácticas abusivas.

Igualmente relevante es la intención de erradicar el llamado “coyotaje”, un esquema en el que intermediarios llegan a cobrar hasta un 20 por ciento de comisión, encareciendo aún más servicios que ya de por sí resultan prohibitivos para buena parte de la población. Este tipo de prácticas no solo es injustificable, sino que revela vacíos regulatorios que ahora comienzan a atenderse.

Otro punto sensible es el de los retrasos en las altas médicas. En no pocos casos, pacientes han permanecido hospitalizados más tiempo del necesario, incrementando de manera artificial los costos finales. Poner freno a estas prácticas no solo aliviaría la carga económica, sino que también devolvería al paciente el control sobre su proceso de recuperación.

La propuesta de establecer la portabilidad de antigüedad en los seguros médicos es, además, una medida largamente esperada. Permitirá a los usuarios cambiar de aseguradora sin perder beneficios adquiridos, fomentando una mayor competencia entre empresas y, potencialmente, mejores condiciones para los asegurados.

A esto se suma un cambio de enfoque que podría resultar transformador: transitar de un modelo reactivo a uno preventivo. Apostar por la detección temprana no solo mejora la calidad de vida de las personas, sino que reduce costos a largo plazo, tanto para usuarios como para el propio sistema.

Detrás de este impulso no hay improvisación. La iniciativa ha sido trabajada desde el año pasado, creada, consensada y respaldada por el diputado federal saltillense Jericó Abramo Masso, quien ha sostenido una postura firme frente a un tema incómodo para diversos intereses. 

Jericó no ha estado exento de críticas, particularmente por parte de compañías aseguradoras que ven en estas propuestas un posible ajuste a sus esquemas de operación. Sin embargo, como el lo ha dicho, “el debate abierto y la confrontación de ideas son parte esencial de cualquier proceso de transformación”.

Si bien aún faltan dos foros por realizarse y el camino legislativo apenas comienza —con la elaboración de un dictamen que será analizado en la Comisión de Hacienda y Crédito Público antes de llegar al Pleno—, lo cierto es que se trata de avances significativos. No resuelven de inmediato los problemas estructurales del sistema de salud privado, pero sí marcan una ruta.

En los últimos días, el tema ha ganado espacio en la agenda pública, reflejo de una realidad que ya no puede ignorarse: enfermarse en México no debería significar un riesgo financiero. Estas primeras acciones abren la puerta a una discusión más amplia y necesaria, donde el paciente deje de ser visto como cliente cautivo y recupere su lugar como el centro del sistema de salud.

El reto ahora será que estos acuerdos no se diluyan en el proceso legislativo y que, una vez aprobados, se traduzcan en cambios reales. Porque en materia de salud, cada avance cuenta, pero cada omisión también pesa.

Buen fin de semana, la frase: "Si nunca lo intentas, nunca lo sabrás". Coldplay. ¡Ánimo!

 

X:_hreyes

 

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